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Adaptado de blog literaturaincierta

La creación siempre ha sido un afán del ser humano, algo que nos asemeja a los dioses, la búsqueda que nuestras ideas sean plasmadas y reconocidas por alguien. Desde que el hombre ha escrito, pintado o efectuado sonidos a los que llama música ha intentado inspirarse de diversas maneras, pasados los años descubrió que podía consumir ciertas sustancias que le otorgaban a su trabajo mental otros matices y percepciones. Es por eso que en esta ocasión te traemos un breve pero significativo puñado de libros inspirados o directamente nacidos de estados alterados de conciencia.

8 “Confesiones de un inglés comedor de opio”(Thomas de Quincey, 1821):

El opio llegó a Reino Unido procedente de China y triunfó entre las clases más adineradas. Esta es una memoria descarnada del placer y la ruina de un auténtico adicto a los fumaderos de opio, una especie de bar de subida ecuador pero con más ternos y camas.

7 “Los paraísos artificiales” (Charles Baudelaire, 1860):

Se los conocía como poetas malditos  y no era por azar. Rimbaud, Verlaine y Baudelaire llevaron al extremo su pasión por la poesía, la vida bohemia y los psicotrópicos. En este ensayo hay hasta una parte dedicada al hachís.

6 “William Wilson” (Edgar Allan Poe, 1839):

La absenta, apodada también el Hada Verde o Diablo Verde es uno de los licores más fuertes que se destilan, por su alta graduación alcohólica (Puede ir desde el 45% hasta más del 75%). Su fuerza y peligrosidad es tal que para beberla primero debe pasar por un proceso que rebaje el volumen de alcohol. En primer lugar se colocaba una cucharilla perforada encima de la copa de absenta y se ponía un terrón de azúcar encima, luego se vertía a través del azucarillo agua fría convirtiendo el licor en una mezcla lechosa. Otros utilizaban el fuego para derretir el terrón sobre la bebida, esta segunda técnica rebajaba menos la cantidad de alcohol ya que no lo disolvía en agua.

Esta particular bebida se hizo muy popular por producir alucinaciones en aquellos que la consumían. Era bebida en su mayoría por los escritores y artistas en Paris a finales del siglo XIX, entre los cuales se encontraban Picasso, Manet, Wilde y Van Gogh. De este último se cree que estando ebrio habría cortado su oreja.

 

5 “Bajo el volcán” (Malcolm Lowry, 1947):

El alcohol (mezcal, en este caso) regó la vida del autor y las páginas de esta novela autobiográfica en la que un ex cónsul británico vivirá su propio descenso a los infiernos en una ciudad mexicana, precisamente el Día de Muertos.

4 “La Madriguera del Gusano Blanco” (Bram Stocker, 1911):

 El creador de Drácula escribió su última historia en 1911 cuando ya se encontraba en etapa final de la dolorosa enfermedad de la sífilis, para palear estas intensas afecciones, Stocker consumía una serie drogas que lo llevan a construir una historia basada en una mujer que se convierte en un dragón serpentil y medieval que sobrevive por siglos en las catacumbas de la Inglaterra victoriana.

3 “Las puertas de la percepción” (Aldous Huxley, 1954):

Este tratado sobre la experimentación con el LSD inspiró a Jim Morrison para poner nombre a su banda, The Doors. La psicodelia como género literario acababa de nacer, aunque ya llevase mucho tiempo inventada.

2 “El almuerzo desnudo” (William Burroughs, 1959):

Retazos de una vida marginal aderezada con cocaína, marihuana, morfina y, en general, todo lo que cayera en manos del amigo y mentor de la Generación Beat, etiqueta de la que Burroughs siempre renegó. Una experiencia literaria tan extraña como el más surrealista de los sueños post-etílicos.

 

1 “Panico y locura en Las Vegas” (Hunter S. Thompson, 1971):

El periodista y escritor se inventó un género desatado, el Periodismo Gonzo, que tiene en este libro su mayor exponente. Cuenta el viaje totalmente frenético y paranoico de dos tipos a la Ciudad del Juego acompañados por un buen arsenal de sustancias ilegales.

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