En el buceo por la inmensa cantidad de películas que ofrece la red me encontré con esta cinta del cine ruso de principios de siglo en la Rusia pre-revolucionaria.

La cinta se llama “Testigos Silenciosos”, es un drama psicológico en el que se puede apreciar una interesante visión sobre el contexto social vivido en la Rusia anterior a Lenin.  

La película está dirigida por un olvidado director llamado Yevgeni Bauer, quien tras la revolución de 1917 pasó al olvido por los dirigentes de la URSS, eso además de que murió tempranamente  en 1917 producto de una pulmonía. Bauer fue influencia para muchos de los primeros directores de cine entre ellos Eisenstein o Kuleshov o el destacado alemán F.W. Mornau quien utiliza como protagonista en su obra maestra “El Ultimo” a un personaje calcado al viejo portero de la película que comentaremos en esta ocasión.

 

Bauer nos transporta a una historia de segregación social muy bien lograda. Pavel, es un hombre que disfruta de los beneficios de su status social, es un hombre relativamente joven que pertenece a la rancia aristocracia rusa y por supuesto, posee una gran cantidad de sirvientes, entre ellos un viejo portero que vive en la mansión con su joven nieta. Al ver una triste acontecimiento en la casa patronal en que una de las empleadas no podía viajar con su esposo a un sector alejado de la ciudad debido a que alguien de la servidumbre debía hacer el trabajo de ella, la joven nieta del portero decide ofrecerse para ocupar el puesto de la empleada y así liberar a la angustiada mujer de su responsabilidad.

Pavel es un hombre que vive en las permanentes fiestas de su clase y se hace acompañar por su novia  una mujer que tras su calculador carácter esconde a un amante y sus ansias de poder y dinero.  Pavel no se conforma con su fría novia, sino que también emborracha a la joven nieta y ahora criada de la casa. La inexperta muchacha se enamorará del aristócrata y sufrirá  el tener que verlo casarse con una mujer que lo engaña y que es descubierta en su ardid por la muchacha.

La película posee momentos decidores, dejando ver el claro discurso del Director, Bauer desprecia a la burguesía y la aristocracia y devela su opinión en fragmentos tales como el instante en que la novia de Pavel humilla a la joven sirvienta haciéndole quitarle sus botas tras el arribo a la casa. 

La narración completa se desarrolla en un silencio cómplice y temeroso de todos los sirvientes de la casa, quienes son testigos de la aventura amorosa ilícita con la empleada y también del engaño de la novia a su patrón. Nadie dice nada, de ahí el nombre de la cinta "Testigos Silenciosos". El miedo a perder el trabajo es más fuerte a la lealtad, otro buen testimonio de esta época.

Esta cinta es un estupendo retrato de los comportamientos de la aristocracia y burguesía zarista, misma que sucumbió ante la Revolución Rusa y que en otros directores más panfletarios, es identificada de manera más dura y caricaturesca. Un documento necesario de ver para complementar la imagen de un periodo.

Te dejamos la película “Testigos Silenciosos” de 1914 para que la visiones y puedas hacerte tu propia opinión.