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Durante la jornada del jueves 8 de Agosto de 2019, dejo nuestro mundo Manuel Corrales. Quizás muchos no sepan quien es él, porque pertenece a ese grupo de personas que habitó Valparaíso desde hace muchos años pero no solía subir a un escenario o ponerse frente a las luces, sin embargo muchos de esos escenarios y reflectores se encendieron por años producto de su gestión y trabajo.

Durante los últimos años fue el encargado y dueño del histórico “Café Hesperia”, lugar que se ha tenido desde un tiempo en colores nocturnos y chinganeros, donde la comida, la bebida, los boleros y las cuecas nunca faltan.

A continuación te dejamos un fragmento de la entrevista que Simón Valdebenito recogió de Manuel Corrales poniendo como foco principal la relación de estos tiempos con la tradicional bohemia local.

Manuel Corrales es un conocedor de la bohemia porteña y productor musical de destacadas agrupaciones como Motemey y más recientemente de “Los Embajadores de la Isla”. En calle Victoria con General Cruz, aglutina a los pocos guitarristas, folcloristas que van quedando y ofrece su espacio para los boleros más cebolleros, o para la más zapateada de las cuecas los fines de semana. Manuel explica que las quintas de recreo en Valparaíso surgen por “la necesidad del pueblo”. “Las chinganas se armaban espontáneamente ante celebraciones típicas, como por ejemplo fiestas patrias”, recuerda. Las quintas de recreo es el único lugar en el que están permitidas todas las artes, es principalmente un espacio de esparcimiento. Siempre están a pie de cerro, son lugares con más vegetación y más campo que en el centro de la ciudad, lo que hace que sea de otro tiempo. Es una tradición en la que no sólo está presente musicalmente la cueca, sino que también el bolero, la cumbia, el tango, fox-trot, entre otros.

Hagamos un poco de historia. Según Corrales, las quintas de recreo existían en casi todos los cerros de Valparaíso, antes del 73’. Desde Esperanza hasta Playa Ancha. Existían en Barón, Larraín, Recreo, San Roque (el barrio más popular de Quintas). Se generan sectorialmente, a su vez, por oficios. La maestranza barón, los trabajadores del carbón cuando se acopiaba en Valparaíso, el matadero municipal, los pescadores, los feriantes, todos tenían su espacio en los cerros porteños. Cada una recoge la cultura de cada oficio.

Otro sector importante de Quintas está en la subida ecuador. Benito Núñez, en este sentido, es un hombre clave. Alberga junto a un grupo de trabajadores de quintas de recreo un espacio de reunión en el cerro San Juan de Dios llamado La Isla de la Fantasía: Donde todo es posible (¡El avión, el avión!). Manuel cuenta que se origina en los años 70. Tratan de enraizarse en el sector tomándose un terreno. Surge desde la necesidad de adquirir trabajo. Luego del golpe de estado de 1973 se cerraron las Quintas de Recreo, se acabó el trabajo y las guitarras se acallaron. El posterior apagón cultural de la dictadura dejó a la escena y a sus folcloristas a la deriva.

En definitiva, así surge este espacio.

“La Isla de la Fantasía era un espacio al que podía llegar cualquiera de nosotros que estuviera vinculado a la música o a la producción. Era bien a la antigua, como los malones, con el aporte de todos. Llegaba la gente por invitación”,

sigue recordando Manuel. En ese sentido no entraba cualquiera.

“El que no tuviera cosas profundas o cosas humanas que conversar no tenía cabida. No se admitía a la gente posera, no existía el huevón cagado” señala gráficamente. “Tu entrabai’, te dabai’ vuelta los bolsillos y poniai’ lo que tú podiai’ colocar. Llegaba un huevón con 10 kilos de pulpa, y después llegaba otro huevón con 5 garrafas de vinos, y se comía tres días y se cantaba tres días y se chupaba tres días y conversábamos tres días”.

Para Manuel Corrales se ha producido un fenómeno alrededor de la cueca que la ha hecho revalorizarse y posicionarla en el sitial de importancia actual en el acervo cultural de Valparaíso. Además, se han cerrado tantas quintas de recreo que las pocas que quedan concitan la atención de turistas y público joven que no vivió la época de apogeo de los crack’s de la cueca porteña. “La cueca pasa a ser una señorita sobreprotegida, casi como un sentimiento de culpa por tanto tiempo que se apagó la cueca en el tiempo del canto nuevo o de la nueva canción chilena” sentencia categóricamente. “Los jóvenes le dan esa importancia que nosotros no le supimos dar” reconoce en tono de autocrítica. Agrega que a la cueca “se sacó el traje de huaso y la urbanizamos. La cueca va tomando posición como la reina del folclore”.

Parece que está tan desdibujada nuestra identidad producto de la globalización y los estímulos afuerinos a los que está expuesta nuestra sociedad que nos obliga a acudir a, por ejemplo, esta clase de espacios que genuinamente algo rescata de la identidad cultural de la ciudad patrimonial. A pesar de eso, pareciera que entra a dialogar como otro producto que se puede comprar o vender en el mercado, que se puede tranzar como objeto de consumo. Pero “la cultura no se transa, eso marca los sellos de los pueblos y está por sobre la globalización” en opinión de Manuel Corrales.

¿Está de moda ir a La Isla de la Fantasía? Para Manuel sí. Para que dejen de ser moda tienen que ser parte de un movimiento más potente, y plantea que la música debe ser itinerante, salir a la calle para así llegar directamente al “pueblo”.

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