play_arrow
Ritoque FM On Line Sonidos Eternos
play_arrow
RITOQUE SÓNICA 002: JULIO PRESAS & CARLOS VÁSQUEZ SAVINA
Una Columna de Javier Tobar
El conflicto entre Estados Unidos y China no es solo una pelea por comercio o por política. Es una lucha por quién va a tener más poder en el mundo durante los próximos años.
Tras los aranceles de Trump y de las tensiones económicas a nivel global, lo que realmente está en juego es el control de la tecnología, de la producción, de las reglas del comercio y de la influencia mundial.
Dicho de manera simple, Estados Unidos quiere seguir siendo el país más influyente del planeta, mantener su liderazgo en tecnología, en finanzas, en cultura, en la Defensa (no por nada llevan 250 años de historia e incontables guerras) y en su capacidad de fijar las reglas del mundo. Su idea es seguir siendo el centro del sistema internacional, como lo ha sido durante su historia.
China, en cambio, quiere dejar de ser vista como una potencia secundaria y transformarse en el gran centro del siglo XXI. No quiere depender de Estados Unidos ni aceptar reglas hechas por otros. Quiere tener su propia fuerza tecnológica, su propia industria, su propia red de aliados y una posición de respeto mundial. El texto adjunto muestra que China actúa con una mirada de largo plazo y que su meta no es solo crecer, sino recuperar un lugar central en la historia mundial.
Por eso este conflicto no es solamente económico. También es cultural. Estados Unidos representa un sistema más individualista, más ligada al mercado, a la libertad personal, al consumo, a la empresa privada y a la competencia abierta. China representa una cultura más centrada en el orden, en la disciplina, en la planificación del Estado, en la estabilidad y en el esfuerzo colectivo. Una parte importante del problema es que ambos países creen que su manera de organizar la sociedad es mejor y más fuerte para enfrentar el futuro.

¿Y Europa?
En términos muy concretos, Estados Unidos busca frenar el avance chino en áreas clave como la inteligencia artificial, la industria avanzada, los semiconductores, las telecomunicaciones y los sistemas digitales. China, por su parte, busca acelerar su desarrollo en todas esas áreas para no quedar atrapada bajo el dominio tecnológico estadounidense. El documento adjunto dice con claridad que la guerra comercial era apenas una primera etapa, porque la verdadera disputa era por la hegemonía tecnológica del siglo XXI.
A esto se suma la disputa espacial. Esto también se puede entender de forma simple: ya no basta con dominar la Tierra; ahora también importa quién domina la nueva frontera del espacio. Estados Unidos quiere mantener su liderazgo en la exploración lunar y espacial como una demostración de poder científico, militar y tecnológico. China quiere mostrar que también puede llegar lejos, instalarse como gran potencia espacial y competir en igualdad o superioridad. Entonces, incluso la Luna forma parte de esta rivalidad.
¿Qué persigue cada uno?
Estados Unidos mantener el mando del mundo. China alcanzar ese mando o, al menos, compartirlo en condiciones de igualdad. Estados Unidos quiere conservar su supremacía. China quiere terminar con esa supremacía exclusiva.
¿Hacia dónde va el mundo? Va hacia una etapa más tensa, más dividida y más competitiva. No parece que vayamos a un mundo totalmente controlado por Estados Unidos, pero tampoco a uno completamente dominado por China. Más bien vamos hacia un mundo partido en grandes áreas de influencia, con competencia por la tecnología, por los mercados, por los recursos, por las alianzas y por el relato del futuro.
El conflicto entre Estados Unidos y China es, en el fondo, una lucha por el liderazgo del siglo XXI. No se trata solo de quién vende más, sino de quién manda más, quién inventa más, quién influye más y quién logra convencer al resto del mundo de que su forma de entender el progreso es la correcta. Estados Unidos quiere seguir arriba. China quiere llegar arriba. Y el mundo (Europa), mientras tanto, entra en una época de absurda rivalidad larga, profunda y decisiva.
Ya vimos con Artemis II el comienzo de la carrera espacial por el 2030 y conquistar el satélite natural.
Insisto: ¿dónde está la vieja, querida y añorada Europa?
—Javier Ignacio Tobar Abogado. Académico. Columnista
Escrito por Francisco Marambio
Implementado por alejandrocosta.cl